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8 de octubre de 2010

Sin palabras.

Después del estreno de El Infierno, alguno de estos pseudocriticos (pagados) de cine (que la verdad no recuerdo quién fue) llego a compararla con Los Olvidados de Buñuel, lo que me pareció una exageración total, pero después de haberla visto (por fin) tengo que decir que me retracto y me sumo a su idea.


No obstante tengo que reconocer que no estoy capacitado para decir si El Infierno está al mismo nivel del clásico de Buñuel, pero lo que sí puedo decir es que es tan desesperanzadora, cruel y realista que, deja sin palabras.


Y es que para serles honestos yo soy de las personas que no ven cine mexicano por salud mental, no obstante de vez en vez me encuentro con cosas buenas como Sexo, pudor y lagrimas, o la primera película Luis Estrada (su director) conocida por todos como La Ley de Herodes, en la que se representaba de manera por demás inteligente, realista y sínica al entonces régimen priista que se encontraba de salida en aquella ocasión.

Y aun cuando su segunda película Un mundo Feliz no fue tan buena y paso sin pena ni gloria, con El Infierno tengo que decir que se redimió y supero cualquier crítica en contra que tuviera por su anterior trabajo. Y es que desde el inicio El Infierno nos muestra a “ese” México que está allá afuera y que nosotros por encontrarnos en la paz y seguridad de una ciudad no nos podemos terminar de imaginar siquiera, aunque cabe aclarar que el director pone de su propia cosecha.

El Infierno comienza con un paisano de nombre Benny que tras 20 años de haber estado del otro lado se ve forzado a regresar a su pueblo San Miguel a buscar, no sólo a su familia, sino un lugar en donde trabajar, pero para su mala suerte Benny se encontrara con muchas sorpresas desde el momento que se baja del camión, siendo la primera el saber que su hermano menor ha muerto, en parte porque que el Benny no cumplió su promesa de mandar dinero en estos 20 años y en gran parte porque formaba parte de las filas del narco.

El hermano del Benny era conocido por todos en el pueblo como El Diablo, uno de los sicarios más sanguinarios de Don José Reyes, uno de los dos hermanos que controlan el tráfico y distribución de drogas en la región y que ante una disputa familiar se separaron y desde entonces se disputan en una guerra sangrienta la plaza de San Miguel. Pero en su afán de conocer el cómo, el por qué?, pero sobre todo el quién? El Benny comenzara un viaje que lo llevara a un lugar del que no podrá regresar.

De tal suerte es como el Benny descubre que su hermano tenía una “pareja” la cual no es más que una sexo servidora en un tugurio del pueblo y que ella tiene un hijo de su hermano el cual, quiere seguir los pasos de su padre y convertirse en “un cabrón” como su padre. Al sentirse culpable por lo que le paso a su hermano el Benny le promete a la Cuñada que él se hará cargo de ella y su sobrino, que por cierto también es su tocayo.

Para ello el Benny se consigue un trabajo en la vulcanizadora de su tío, en donde un día lo va a recoger su mejor amigo El Cochiloco, uno de los lugartenientes de José Reyes, quién además de invitarle una cerveza le dice que sí algún día requiere de chamba que con él la tiene segura, el Benny no acepta a la primera, pero un día (después clavarse con su cuñada) el Benny se ve en la necesidad de pedirle un favor al Cochiloco para sacar a su sobrino de la cárcel, a donde lo metieron por intento de robo “al mismo presidente municipal”.

El Cochiloco le hace el paro y es con este favor y ante la precaria situación laboral y económica en la que se encuentra al Benny no le queda de otra más que aceptar la invitación de trabajar para Don José y su “pequeño negocio”. De ahí en adelante todo será caída libre para Benny, quién se transformara de un simple, humilde e ingenuo don nadie, a ser uno de los más temidos matones y distribuidores de droga de la región.

En su camino el Benny se encontrar con un sin número de personajes tan únicos como increíbles y que van desde los políticos pantalla que sólo están en el puesto como marionetas de los narcotraficantes, hasta los padres de la iglesia que hasta les bautizan a sus armas, los bendicen y oran por ellos, pasando claro por los oficiales locales y federales corruptos que con su cuota se hacen de la vista gorda, claro hasta que no llega un oficial federal superior, que en “teoría” no tiene ni idea de sus tratos con los narcos.

Como ya lo había comentado brevemente en un post anterior, El Infierno tiene como premisa el mostrar todos aquellos sucesos que se relatan en los medios de comunicación todos los días, así como aquellos que no salen a la luz pública pero que son un secreto a voces, de una manera por demás irónica y cómica, aunque no sé si utilizar este término sea adecuado, porque aunque en el transcurso de la película no dejas de reírte, la verdad llego un momento en el que no supe si me reía por absurdo, irónico y estúpido de los diálogos y la situaciones, o por nerviosismo de lo que estaba viendo.

Decir que, por donde se le vea El infierno no sólo es políticamente incorrecta, sino que va en contra de las buenas costumbres, conciencias y todos aquellos grupos que aun tienen creencias, esperanzas y fe, no sólo en las instituciones políticas sobre las que se sientan los fundamentos de nuestra pseudodemocracia, sino también en otras como la iglesia, la cual se muestra tal cual y aun cuando a muchos como quién escribe estas líneas no sorprende la manera en que se muestran, habrá a muchos a quienes si incomoden

El Infierno, como su nombre lo dice es la ausencia de toda fe y esperanza, no sólo para el pueblo y los protagonistas que forman parte de la ficción (si así se le puede llamar) de la película, sino para todos aquellos que tienen que vivir día con día en carne propia todas esas cosas que, un cuando parecen exageradas, son reales e incluso están sucediendo mientras su servidor escribe estas líneas o mientras usted amigo lector me hace el favor de leerlas.

Creo que en donde radica la mayor impresión de la película es en el final, en donde a pesar de todo lo que el Benny hace para tratar de evitarlo, no logra conseguir que la historia que vivieron el y su hermano se repita en su sobrino, quién ha decidido seguir sus mismos pasos y con ello alejar cualquier viso de esperanza para poder rescatar el alma de su sobrino para evitar que termine como ellos, en el panteón, eso sí, con una hermosa tumba de narcotraficante.

El infierno es ese tipo de películas que tienen que ver, pero que no todos pueden ver ya que puede lastimar desde conciencias hasta terminar con las esperanzas de la gente de que algún día vuelva a ver paz y tranquilidad en este país olvidado por dios y los gringos. Llena de frases celebres instantáneas El Infierno no sólo es una película de ficción más, es la película que no sólo se puede convertir en un clásico instantáneo, sino un referente del momento histórico que estamos viendo.

La única pregunta que yo me hago es, En realidad hay necesidad de seguir mostrando realidades tan cruentas como esta en el cine? Pero sobre todo, Es necesario que nuestro cine nacional sigua siendo tan malo en la ficción como para que la única manera de tener éxito sea mostrando éste tipo de cosas? Si es así creo que seguiremos atrapados en los años 50´s, porque de nuevo, este cine solo tiene el título.
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